cuando estaban aburridos trepaban la pared y espiaban el fondo de la vida del otro, a veces jugaban en soledad con la pelota que cruzaba el limite.
Cierto día en que el calor era agobiante, uno de ellos, trepó convencido para saltar, cuando comenzó a resbalar gustosamente advirtiendo que aquella luna que los separaba... era de crema rusa!!!!!!
Tal fue el asombro y la risa, que no pudieron contener la tentación de aquel dulzor blanco. Desde ese día hay un hoyo para espiar con dulzura.
esto sucedia a quienes podían imaginarlo...
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